12. La enfermedad de Franco


Cuando Franco enfermó de flebitis y fue ingresado en un hospital, el 9 de julio, las esperanzas de liberalización parecieron reanimarse por breve tiempo. Se pensaba con cierto optimismo que quizá el Caudillo pudiera dimitir en favor de Juan Carlos. El 19 de julio, Franco delegó poderes, provisionalmente, en el Príncipe: fue una experiencia humillante para él. Franco mostró una notable tenacidad, y el 30 de julio abandonó el hospital, y sin perder tiempo reasumió sus poderes. El 2 de septiembre terminaba oficialmente el aprendizaje del Príncipe. El principal efecto del episodio fue que aceleró la marcha hacia una más amplia unidad de la izquierda.

Un Partido Socialista revigorizado, bajo Felipe González, comenzaba a reorganizarse y, en un intento de ganar la iniciativa, el Partido Comunista respondió a la noticia de la enfermedad de Franco lanzando, el 30 de julio, la Junta Democrática, que reunía a Comisiones Obreras, al pequeño Partido Socialista Popular (PSP), al Carlista y a un gran número de independientes, entre los cuales el más notable era Rafael Calvo Serer.

Pese a la no participación del PSOE y de diversos grupos cristiano-demócratas, la Junta era un muy importante golpe publicitario para los comunistas. Y volvió a concertar el interés en su Pacto por la Libertad. Las personas no pertenecientes a partido comenzaron a considerar a la Junta como una alternativa potencial, en un momento en que la legitimidad del régimen comenzaba a resquebrajarse. Una diplomacia inteligente proporcionó a la Junta el reconocimiento general como la principal fuerza de oposición, y al mismo tiempo galvanizó al PSOE y le obligó a realizar mayores esfuerzos.

La idea comunista, demasiado optimista, de que una huelga nacional inspirada por la Junta conduciría a la instauración de un Gobierno provisional democrático, estaba equivocada. Sin embargo, el búnker vio así confirmada su convicción en la necesidad de emplear tácticas defensivas y quemar hasta el último cartucho. Por ello, cuando Arias Navarro anunció, el 10 de septiembre, que estaba decidido todavía a llevar adelante su programa del 12 de febrero y legalizar las asociaciones políticas para antes de enero de 1975, se encontró con una feroz oposición.

La oportunidad la proporcionó el atentado con bombas contra la cafetería Rolando, de Madrid, el 13 de septiembre. Según el libro de Lidia Falcón, Viernes y 13 en la calle del Correo, se trató de una operación irresponsable ejecutada por un comando de ETA y algunos simpatizantes de Madrid. La cafetería era un lugar frecuentado por policías y había varios miembros de este cuerpo entre los once muertos y más de setenta heridos.

Inmediatamente se desencadenó una redada de izquierdistas y simpatizantes de los terroristas. La reacción política llegó poco después: comenzó con un ataque de Blas Piñar en Fuerza Nueva. Más tarde, cuando a Franco le fue presentado un dossier sobre literatura presuntamente pornográfica e izquierdista permitida por el ministro de Información, los ultras pudieron persuadirle de que insistiese en la dimisión del ministro Pío Cabanillas, sobre la base de que había abierto la prensa y los medios de comunicación a los "rojos".

Fue precisamente esta victoria de los ultras la que reveló la crisis real del sistema, al convencer a muchos elementos del régimen que debían optar por las reformas si deseaban garantizar su propia supervivencia. Esa revelación de la bancarrota del régimen provocó una oleada de significativas dimisiones. La salida del subsecretario de Cabanillas, Marcelino Oreja, y del director general de RTVE, Juan José Rosón, fue seguida por la dimisión masiva de protesta de altos funcionarios democristianos del régimen, pertenecientes al grupo Tácito. Aún más significativas fueron las dimisiones del presidente de la sucursal de la ITT en España, resultaba ser un excelente barómetro de opinión tanto para España como para el mundo de las empresas multinacionales.

En contexto semejante, los continuos esfuerzos de Arias para llevar adelante las reformas parecían cada vez más inútiles. El 16 de diciembre fue aprobado el Estatuto de Asociaciones por el Consejo Nacional del Movimiento. Apenas había alguna mejora respecto del estatuto Solís. Por un lado, el nuevo Estatuto daba a las asociaciones un cierto grado de existencia electoral. Por otro, se exigía que las asociaciones tuvieran por lo menos 25.000 miembros, repartidos en un mínimo de 15 provincias, excluyéndose las asociaciones de tipo regional. Además, ya que su legalización quedaba en manos del Consejo Nacional, estaban obligadas obviamente a aceptar la legitimidad del régimen existente. No obstante, Arias prosiguió con sus esfuerzos para dotar a su gobierno de un barniz liberal.

Su problema era que los éxitos del búnker estaban acelerando el proceso por el cual amplios sectores de la oligarquía española comenzaban ya a imitar a la oposición en sus demandas de democratización. Durante 194 se llevaron a cabo reuniones prácticamente públicas entre prominentes industriales y financieros, por un lado, y personalidades de la oposición tolerada, por toro. Entre las más célebres están las que tuvieron lugar en el hotel Ritz de Barcelona y en casa de Joaquín Garrigues en Aravaca (Madrid). Garrigues era un persona de las más significativas figuras del capitalismo español, y en varias ocasiones había sido representante de diversas corporaciones multinacionales; no hacía ningún secreto de su convicción de que la liberalización política debía ser un riesgo que había que correr con el fin de evitar una confrontación catastrófica. Así que dimitió de sus numerosos cargos de director de empresas para dedicarse a la creación de un partido político. La actividad de la derecha civilizada coincidió con una tendencia aplastante hacia la unidad en la izquierda.

11.-El espíritu del 12 de febrero 13.-Recomposición del Gobierno