13. Recomposición del Gobierno


Por el contrario, el gobierno Arias se hallaba en estado de desintegración. En febrero, Licino de la Fuente dimitió, frustrado, cuando el búnker bloqueó las leyes que permitirían un derecho de huelga limitado. También Arias quiso relanzar sus esfuerzos, incluso, como se dijo, a costa de tener fricciones con Franco. Destituyó a Antonio Izquierdo, director de Arriba, que había sido uno de los bastiones de la oposición del búnker a la reforma.

El 4 de marzo anunciaba la recomposición del Gobierno, lo que indicaba su deseo de romper el poderío de los ultras. El ministro de Justicia, Francisco Ruiz Jarabo, íntimo aliado de Girón, fue sustituido por el algo más liberal José María Sánchez Ventura. Más significativa todavía fue la sustitución del ministro secretario general del Movimiento, José Utrera Molina -uno de los canales por los que el búnker influía en Franco--, por el más reformista Fernando Herrero Tejedor. Por desgracia, Herrero Tejedor murió en un accidente de carretera a mediados de junio. Por esas fechas, el optimismo disminuyó. Herrero, la gran esperanza de Arias, fue sustituido por Solís. Sin embargo, la muerte de aquél ayudó a situarse en primer plano a su protegido Adolfo Suárez.

De cualquier modo, las actividades de Arias llegaban demasiado tarde. Eran cada vez más numerosos los antes franquistas duros que ahora deseaban el cambio, hasta tal punto que, el 20 de mayo, Luis María Ansón escribía en ABC : "Las ratas están abandonando el barco del régimen (...). La cobardía de la clase gobernante española es realmente vergonzosa (...), ya se ha llegado al sálvese quien pueda, a la rendición incondicional".

El 24 de febrero, Fernández ordoñez pidió la reforma constitucional. Se rumoreaba ya que José María de Areilza, Pío Cabanillas, Fraga y Silva Muñoz se habían unido a los Tácitos, y Fernández Ordoñez a una asociación política reformista. Se conocían planes referentes a una asociación más continuista que se denominaría Unión del Pueblo Español, en la que estarían Solís, Herrero Tejedor, Adolfo Suárez y Emilio Romero. Esto era una estratagema para neutralizar el plan Fraga-Areilza por medio de la movilización de toda la prensa y la radio del Movimiento. Fraga se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y se apartó completamente de todo el plan de asociaciones. La retirada de Fraga, Areilza, los Tácitos y Fenández Ordóñez dejó totalmente en ruinas la operación.

En relación con la agitación del país, los planes de asociaciones y, en general, el continuismo no pudieron ser más irrelevantes. Bandas terroristas de extrema derecha atacaban a abogados y a sacerdotes izquierdistas y liberales, a librerías y a obreros. Esto intensificó la postura crítica de la iglesia. En una declaración de la comisión de Justicia y Paz, del 26 de mayo, exigía el fin de la actuación indiscriminada de la policía y pedía que las autoridades tomasen medidas contra la actividad de los grupos terroristas ultraderechistas.

La militancia laboral seguía en aumento. El 25 de abril se estableció el estado de excepción en Vizcaya y Guipúzcoa, y se lanzó una vasta operación de terror policial contra la población de esas provincias. Las detenciones al azar, los encarcelamientos, las torturas por parte de lo que, en la práctica, era un ejército de ocupación formado por guardia civiles y policías armados, se vieron complementadas por las agresiones de los guerrilleros de Cristo Rey. El 26 de agosto, el Gobierno aprobó una durísima ley antiterrorista que dejaba a la izquierda expuesta a la acción draconiana de la policía. A lo largo de 1975 se reforzó la censura una vez más y numerosos diarios y semanarios, incluidos Triunfo y Cambio 16, fueron secuestrados.

El intento del régimen de resolver la crisis por medio de una vuelta a la represión sin trabas de los años 40 no podía no tener una respuesta adecuada. Se convocaron huelgas políticas generalizadas, que tuvieron éxito en Madrid, del 4 al 6 de junio, y en el País Vasco, el 11 de junio. Otras huelgas, que comenzaron siendo económicas, como la que había paralizado Valladolid en la segunda mitad de abril, tomaron pronto un profundo carácter político. La posibilidad de un baño de sangre, que habría alejado definitivamente las esperanzas para España de ingresar en la CEE, pareció hacerse realidad, especialmente durante el tenso período que culminó con la ejecución de cinco militantes de ETA y del FRAP en septiembre.

La Ley Antiterrorista había extendido a toda España la legislación que antes se aplicaba sólo al país Vasco. A tres activistas vascos, ya condenados a muerte, se unieron, el 12 de septiembre, tres miembros del FRAP. A esa lista se añadieron posteriormente, el 18 de septiembre, otros cinco miembros del FRAP también condenados a muerte. El 26 de septiembre, Franco presidió en Consejo de Ministros para discutir la posible suspensión de las ejecuciones de las once personas condenadas, dos de las cuales eran mujeres embarazadas. Finalmente, las mujeres y cuatro de los hombres fueron perdonados, pero los otros cinco vieron confirmadas sus sentencias.

Las ejecuciones tuvieron lugar el 27 de septiembre, en medio de una oleada de repulsas nacionales e internacionales. Trece países retiraron a sus embajadores de España. El miedo y el asco provocados por los acontecimientos políticos de los últimos momentos de Franco reforzó el prestigio de la Junta Democrática, fundada esta última en julio de 1975 por el PSOE y formada por la Unión Social-Demócrata Española, de Dionisio Ridruejo, la Izquierda Democrática, de Ruiz Giménez, y cierto número de grupos regionalistas.

Cuando Franco murió, el 20 de noviembre de 1975, fue ya imposible ocultar la crisis del régimen. Madrid y Barcelona estaban borrachas de champán. Desde los primeros momentos de su fatal enfermedad, en octubre, hasta el traspaso de la Jefatura del Estado a Juan Carlos, a fines de ese mes, las acciones subieron bastante en la Bolsa de Madrid. En otras palabras, la solución inmovilista del franquismo sin Franco había muerto con Carrero, y la solución aperturista/continuista de Arias había quedado destruida por las maquinaciones del búnker y por sus propias deficiencias. Ahora, pues, la obsolencia política de las estructuras del régimen había llevado a que coincidieran en su interés por el cambio la oposición democrática y una parte de la oligarquía económica.

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