4. Carrero


El triunfo falangista no habría favorecido los planes de Franco respecto de una transición suave hacia la monarquía de Juan Carlos. Además, el sofocante puritanismo que caracterizaba a Franco, a su cada vez más íntimo valido, Luis Carrero Blanco, y a sus mujeres respectivas, se había visto ofendido por la leve liberalización impulsada por Fraga en el Ministerio de Información. Así, en un reajuste ministerial a fines de octubre, Franco destituyó a tres ministros del Opus Dei como castigo por el asunto Matesa, pero también se libró de Solís y de Fraga, como castigo por intentar capitalizar políticamente un incidente que había dañado el prestigio del Gobierno. Con todo, los tecnócratas del Opus Dei pudieron conservar sus posiciones en el nuevo Gobierno, en el que las figuras dominantes eran el almirante Carrero Blanco y López Rodó.

Quizá consciente de que su vitalidad iba en disminución, Franco eligió a Carrero Blanco para la vicepresidencia y primer ministro de hecho. El poco brillante almirante de secano era la persona adecuada para llevar adelante la política de continuismo y garantizar que Juan Carlos no se desviara de las normas establecidas por el Caudillo.

Carrero, aunque se hallaba estrechamente ligado al Opus Dei a través de la influencia de su mujer y del que se decía que había persuadido a Franco de que abandonase la autarquía y dejase probar suerte a los tecnócratas, resultaba muy aceptable para los inmovilistas. Era la encarnación viviente de la línea dura del franquismo de los años cuarenta y estaba estrechamente identificado con el propio Caudillo. El primer encargo político de Carrero había sido asistir, en 1939, a la celebración en Roma del vigésimo aniversario de la fundación del Movimiento fascista. Treinta y un años más tarde escribirá en ABC, bajo el seudónimo de Ginés de Buitrago, que tratar de liberalizar a España era algo tan censurable como ofrecer un trabajo a un alcohólico reformado.

El llamado Gobierno monocolor adquirió tono de esta hosca figura. El poderoso grupo de los ministros del Opus Dei, que incluía a Gregorio López Bravo, en Asuntos Exteriores, iba a ser el que intentara hacer realidad las concesiones de Carrero Blanco a la modernidad. Su esquema de un franquismo sin Franco se basaba en la esperanza de que continuara la prosperidad económica, como sustituto de la liberalización política. No resultó sorprendente, pues, que el nuevo ministro-secretario del movimiento, Torcuato Fernández Miranda, pusiese fin inmediatamente al proyecto Solís de asociaciones política, por temor a que éstas dieran lugar a una proliferación de partido de verdad.

3.-El sucesor 5.-Represión